[Historia minecraft] HALLOWEEN LLEGA A OVERWORLD

A lo largo de mi vida he creado historias de todo tipo; me he dedicado a buscar todas aquella que pueda recuperar del paso del tiempo; la siguiente historia fue una de las primeras en ser recuperadas debido a que fue creada directamente para una comunidad de Internet (Un concurso de la comunidad minecraft por motivo de Halloween).

Así que sin más, que la disfruten. 🙂

(Enlace al archivo original de google Drive: https://docs.google.com/document/d/1mTC8V3oSEG7ibbHovQoXfospG8JyiHvCqip2sOH3pg8/edit?usp=sharing ; protegido bajo derechos de autor).

Capítulo 1: Preparando la llegada de los muertos vivientes

-Pocos constructores ¡tenemos pocos constructores aquí! Secretario, responda esto.- El príncipe Islander se notaba eufórico; aunque hay que admitir que sabía ocultar su verdadera preocupación, la euforia era nada en comparación con el terror y desesperación que sentía. El pobre secretario real se acercó corriendo desde el otro lado del acantilado atravesando el sólido pueden de piedra labrada al cual le reemplazaban los bloques agrietados por otros nuevos.
Apenas se acercó a no menos de 5 metros del príncipe y fue recibido con un gruñido:
-¿Para qué nos sirve tener tantos bloques, tantos mineros en la montaña detrás del castillo y cientos de aldeanos cargando el material si no hay quién los apile? Antes terminarán de desmontar la montaña y la fortaleza entera antes de terminar una simple muralla defensiva; y no tenemos tanto tiempo antes de que anochezca.-
– Mi príncipe- El secretario estaba sofocado, y el regaño solo empeoró su forma de expresarse.- no puede, no se puede hacer una muralla más rápidamente.- El pobre sirviente se percató de que no había mucha coherencia en cómo lo había dicho; por fortuna esas palabras enredadas confundieron a Islander, lo que le dio el tiempo para pensar en la respuesta correcta otra vez.- Muy pocos pobladores tienen experiencia en este tipo de construcción, una muralla, un par de torreones, un foso y hasta un puente que soporte un ejército requiere maestría en la arquitectura, no es una simple obra y no se le puede delegar a simples albañiles.-
El príncipe miró al cielo con un gran suspiro, después miró la posición del sol entrecerrando los ojos y cubriéndose la parte superior del rostro con la palma de la mano.
-No, Harker, no podemos darnos el lujo de hacer una obra maestra antes de la noche, vendrán miles de esos muertos vivientes al anochecer y no hay pretexto que reviva a las víctimas que resulten por no haber terminado esto.- En este punto la voz del príncipe empezó a calmarse un poco.- Llama a obreros y albañiles de cualquier tipo; que los expertos les digan qué hacer y tú personalmente supervisa que lo hagan bien; te dejo el encargo y recuerda, miles de vidas se esconderán detrás de esta fortaleza abandonada.- Sin permitir que el secretario reprochara nada, Islander se marchó atrás de la muralla que estaban levantando, justo frente a una antigua muralla la cual estaban reparando y poniendo algunos bloques de obsidianas dispersos; ¿la razón de esta curiosa “decoración”? de hecho había dos razones: la primera es que no había demasiada obsidiana dentro de la montaña detrás del castillo que haría de fortaleza, bien se puede crear más, pero requiere materiales y tiempo, cosa que no se tenía; la segunda fue más una curiosa teoría de un arquitecto: poner bloques en un patrón tipo malla de rombo le daba más fuerza a la estructura completa con respecto a los golpes de los arietes, ya que al ser golpeado un bloque el impacto se reparte a los bloques adyacentes, y los bloques de obsidianas servirán como “esponja” de esos impactos; como tenía algo de coherencia, o al menos eso le pareció al príncipe, y no había mucho tiempo para cuestionar a un experto, dio la orden de que se haga tal cual decía el arquitecto.
La pasarela que permitía la entrada a la fortaleza era ancha, las puertas eran gigantescas y hechas de madera, dos cosas que no le agradaban ni al príncipe ni a nadie con sentido común, una pasarela ancha permitía que el ejército de muertos vivientes entrara a torrentes pero también permitía que el ejército real, que se quedará adentro hasta el último momento, saliera tan rápido como quisiera así que tampoco había mucho que hacer al respecto; lo de las puertas de madera sí que había que hacer algo, a esos zombis les encanta destruir puertas de madera así que al menos se le pondrá algunas placas de metal para reforzar la puerta. Mientras Islander caminada en la pasarela rumbo a la fortaleza enumeraba todos estos pendientes, los contaba y pensaba recordaba quién estaba a cargo de qué cosa; los aldeanos y constructores y lo veían pasar frente a ellos le hacían una reverencia o le sonreían en modo de respeto, sin embargo él no era consciente de lo que ocurría a su alrededor en ese justo momento, calculaba el avance de las construcciones y el tiempo que se tenía antes del anochecer, en un principio las cuentas no daban un resultado deseado pero quería pensar que solo era porque todo fue tan improvisado que la marcha fue demasiado lenta en comparación con lo que resta del día; si el mensajero decía la verdad, y estaba seguro que así era, a los primeros minutos después de ponerse el sol, la planicie que quedaba frente al castillo estará inundado de zombis dirigidos por “quién sabe” con el fin de destruir otro reino más de la faz del overworld; justo había pasado la entrada al castillo central y dirigía su mirada a las escaleras del fondo, 5 pisos arriba se encontraban sus consejeros y él esperaba que esta vez le sirvieran de algo.
En una habitación bastante amplia (Albergaría fácilmente a 100 personas sentadas en cómodos asientos) se encontraba un grupo no mayor a 20 personas, rodeando una mesa de piedra puesta en uno de los laterales de ésta; como la mesa sí era demasiado pequeña para un grupo de este tamaño, solo unos 8 estaban en contacto con la mesa y el resto solo podían mirar por encima del hombre de los demás hombres. Todos tenían al menos 45 años y se enfocaban en un mapa antiguo que mostraba signos de cientos y cientos de dobleces dispares, además de unos 3 libros abiertos que también hacían de pisapapeles en 3 de las 4 esquinas del mapa. Con zancadas largas y fuertes pisadas el príncipe Islander entró a la habitación sin el más mínimo saludo hacia el resto; también sin avisar ni pedir permiso se hizo espacio entre el grupo de hombres y observó el mapa que tenía de frente; un mapa que bien no podría ser muy detallado pero que parecía abarcar un colosal terreno del overworld, estaba seguro que lo mostrado en el mapa superaba lo que él había recorrido y escuchado en toda su vida; su interés hacia ese mapa le dio una leve esperanza de que, al fin, sus consejeros le servirán de algo más que simples regaños de comportamiento.
-Bien, supongo que ya tienen resuelto el problema de cómo enfrentarse a un ejército de decenas de miles de muertos con un ejército improvisado de algunos cientos de personas.- Sin duda el subir 5 pisos en una escalera grande de caracol le habían cansado en algo al príncipe, ya que su carácter no se parecía en nada al mostrado afuera del castillo hace unos cuantos minutos; sin embargo su seriedad no cambió en lo más mínimo. Uno de los consejeros más grandes de edad tomó la palabra.
– Su majestad, es obvio que todos aquí presentes conocemos las implicaciones de lo que nos atacará: son criaturas ya muertas, que pueden aumentar su número en base de disminuir el nuestro, lo cual implica que son todo nuestro contrario, lo cual implica algo peor: lo que nos podría matar a nosotros o a cualquiera de nuestros enemigos, a ellos les dará vida, así que nuestro arsenal de pociones de veneno solo servirán como regeneración para ellos, equivalente a darle agua fría a una persona cansada por el sol, y nuestras pociones de daño sería curación instantánea para ellos, así que… –
-¿Me quieres decir que no tenemos alternativa? ¿Qué todo el arsenal que por décadas hemos presumido e incrementado fue un grave error debido a que no nos servirá en anda? ¡¿”Eso” me quieres decir?!- El príncipe había perdido el control por ese breve momento; unas de las cosas que detestaba eran las “largas” con respecto a las explicaciones.
– Para nada.- EL consejero se había quedado impresionado con la reacción del príncipe, pero también entendió que era de esperar, así que continuó con más brío su explicación.- Solo que necesitamos hacer uso de alguna herramienta que no solemos usar. Bien conocemos el mecanismo de crear una espada con “Golpeo”, pero es un proceso largo y complicado, y mucho más para equipar algún pelotón numeroso.-
– ¿A dónde quieres llegar diciéndome lo que NO podemos hacer?- Islander se notaba ya enojado otra vez.-
– A que sería más rentable obtener una espada con un nivel de encantamiento tal que pueda destrozar a varias de esas criaturas de un solo golpe; que incluso un coloso sea incapaz de resistir un solo golpe de esa arma. –
-¿y cómo obtendríamos esa espada?- Se mostró interesado el príncipe.
– Se encuentra ubicada en una de las ciudades subterráneas perdidas.- Tomó la voz un consejero ligeramente más joven que el anterior.- En una de estas ciudades.- Puso el dedo sobre el mapa, apuntando una región no tan lejana.- Crearon hace mucho armas para su subsistencia, al ser ciudades subterráneas, las criaturas «no-muertas” abundaban alrededor y por ello crearon una espada con golpeo superior al 50.- Los ojos de noble se abrieron con sorpresa, aunque algo de ambición se asomó por esa mirada, una espada de ese nivel debería ser de las reliquias más valiosas existentes, y que su reino la tuviera lo podría hacer uno de los futuros reyes más famosos de su reino, aunque unos instantes después tales pensamientos se le quitaron de la cabeza al pensar en el futuro posible.- Fueron unas de las ciudades que perecieron debido a los temblores de hace siglos, ahora solo habitan criaturas artrópodas en lo profundo de la tierra donde yacen las ruinas de las ciudades, por eso mismo podrían ser en principio inaccesibles. Pero a estas alturas no suena tan descabellada una expedición por esa espada.-
-Vale, tengo al equipo adecuado para una rápida expedición a esos lugares; y tengo la forma de hacer que acepten la misión.- El príncipe se marchó con firmeza de la sala, sin dejar tiempo a escuchar la pregunta desconcertada de otro de sus consejeros:
– ¿Equipo? ¿No va a enviar a su guardia real…? –

Capítulo 2: Los mercenarios.

¡Diez plantas! Ni más ni menos; el príncipe había solicitado que se reunieran en el balcón mirador del castillo, a diez plantas del nivel del suelo, para poder hablar con seguridad; el trío avanzaba con poca emoción por el pasillo que llevaba al balcón, realmente no era por el cansancio de subir 10 plantas, habían escalado laderas más altas que eso con las manos, pero ser llamados sin previo aviso por el príncipe… realmente no les atraía mucho la familia real, como mercenarios tenían el impulso de ver con malos ojos a cualquiera que los pudiera juzgar y hacer algo al respecto (Como la realeza); aunque para ser sinceros, ellos mismos pueden aceptar estar curiosos por ser llamados en esa situación: una batalla que se desatará en menos de dos horas contra una horda jamás vista de zombis. A paso normal, aunque sin hacer ruido al caminar, Eiren se encontraba en medio de sus dos compañeros, con su estatura promedio y cuerpo ligero demostraba a simple vista ser un ágil espadachín rápido, su cabello ligeramente largo y de color oscuro le daba una personalidad más rebelde de lo que realmente era, ya que su sistemática forma de actuar, su obsesión por el orden y el tiempo que se tomaba para meditar las decisiones le daban el papel de líder del grupo pero no concordaba con su papel de mercenario. Keily demostraba tener la misma altura que Eiren, de hecho su tonalidad de piel clara, sus ojos color café y hasta complexión física aseguraría que se trataba de su hermana, inclusive podría pasarse por su melliza, aunque la realidad era tan simple como una natural coincidencia. Su mirada pícara no ocultaba en lo absoluto su personalidad extrovertida; amaba el sarcasmo como su método de comunicación convencional y su filosofía de vida se basaba en la idea de que aún la muerte no tiene que ser triste y aburrida. Por último, a la derecha del líder y a un paso atrás de los otros dos, Jug (Como sus compañeros le dicen) daba zancadas lentas y largas, si se le ponía atención a cada paso que daba se podría notar la exactitud de éstos, me atrevo a asegurar que si se midiera el tamaño de cada paso no habría la más mínima diferencia entre uno y otro; así, a pasos exactos y ligeramente sonoros debido a su tamaño superior al de los otros dos y ligeramente más fornido, avanzaba como un guardaespaldas lo haría (Si se tratase de uno, cosa que no era así). Jug siempre mantenía un semblante tranquilo a la vez que inexpresivo la mayoría del tiempo; detestaba hablar sin necesidad alguna, inclusive hacer un movimiento sin motivo alguno le parecía tonto. Bien podría considerarse como un perezoso más, sin embargo esto se debía más a su especial interés a la precisión: cada movimiento, cada ataque, cada vez que lanzaba y cada palabra que pronunciaba lo hacía con alguna utilidad que debía sí o sí alcanzarse, cualquier otra cosa que no diera ese resultado no valía la pena ser realizada; por eso mismo era una persona lo más callada que se puede ser, siempre estaba pensando en algo, viendo la situación y el entorno: Si tenía que salir de algún lugar simplemente giraba a la dirección donde se encontraba la salida y se ponía en marcha; a ese punto de precisión en vida aspiraba alcanzar.
Cuando salieron al balcón que servía de mirador a toda la planicie frente a la fortaleza que presenciará una terrible batalla en poco tiempo, vieron a Islander de pié, junto a la barda que delimitaba la terraza con las manos apoyadas en ésta, mirando el futuro terreno de batalla.
-¿Apreciando la vista?- Keily no tardó ni en saludar al príncipe para empezar con su forma preferida de comunicarse.- Porque se pondrá mejor apenas se ponga el sol ¿Qué dices sobre eso?- El noble príncipe se giró hacia ellos apenas haciendo caso a las palabras de la chica, parecía que había estado pensando en otra cosa diferente al asunto al cual los había llamado.
– Supongo que se preguntarán el por qué los llamé…- Parecía algo perdido en sus pensamientos.
-Para nada, de hecho venimos más por el panorama.- Keily siempre tenía esa pícara forma de conversar: decía las cosas con intenciones sarcásticas, pero no de una forma que pareciera sarcástica; cualquiera podría haber tomado eso como una declaración seria.
– Pues si lo que quieres es nuestra opinión al respecto de lo que puede ocurrir, tenemos la misma perspectiva que usted, nos enfrentaremos a un ejército que nos supera 100 a 1 y nosotros no contamos con solo hombres preparados para la batalla; pero si quiere algo más concreto, deberíamos evitar ser acorralados justo allí.- Eiren señaló con el dedo el área frente a la fortaleza donde tres de sus cuatro lados estaban acorralados: Al sur y suroeste estaba el campo abierto, de donde vendrán los enemigos, al norte se encontraba el borde de un peñasco, al este estaba el puente que hacía de entrada y salida de la fortaleza, en un momento de retirada será el área más congestionada y no servirá para todo el ejército, además de que sería el primer punto que el ejército enemigo intentaría apoderarse, y por último al oeste se alzaba un acantilado, la misma altura que tenía el peñasco del norte la tenía el acantilado hacia arriba, acorralarse allí era la muerte segura para cualquier ejército, al menos en principio. Islander al parecer había pensado eso mismo, ya que miró por dos o tres segundos ese sitio frunciendo el ceño y se volvió a los mercenarios.
– Gracias, pero no era eso. Es verdad que nos vemos en una desventaja numérica, y lo peor es que no nos enfrentamos a los enemigos que la mayoría de los que se encuentran implicados están acostumbrados a tratar, no será alguien o algo a lo cual podamos herirlos y saldrán corriendo del dolor; tampoco son algo que se pueda envenenar, enfermar o agotar; necesitamos algo más que eso. Mis consejeros mencionaron la existencia de una espada con golpeo 50…-
-¡¿Golpeo 50?!- Keily no pudo contener la impresión, al igual que el resto el cual demostró un rostro de impresión; bueno, al menos Eiren, cuyo rostro se mutó completamente con una expresión de asombro, más Jug solo se limitó al levantar unos centímetros el mentón y, después de uno o dos segundos se volteó a observar el sol que estaba poniéndose justo frente a ellos, sobre la ladera que estaba frente al castillo y que también hacía de peñasco.
– Así es, 50 o superior, entenderán entonces lo vital que podría ser esa arma en esta situación, un simple golpe puede pulverizar a varias de esas cosas a la vez. Su ubicación es tan inaccesible que es seguro ir hacia allí y encontrar esa espada esperando a por ustedes.-
-¿Por nosotros? ¿No sería una mejor idea enviar a una fracción de su guardia real para un encargo tan “inaccesible”? Además, nosotros somos mejores luchando contra multitudes, aquí podemos provocar más bajas que yendo por una espada…- Opinó Eiren.
– Tú mismo lo dijiste, nos superan 100 a 1, tres personas menos en nuestras tropas no será una gran diferencia en un plazo de varias horas; en cambio, si envío a mi guardia necesitarían ser un pelotón no menor a 30 individuos, ellos son solo simples guerreros y ustedes, tengo entendido, son muy hábiles a la hora de resolver cualquier problema cotidiano.-
– Vaya, entiendo. Eso tiene más sentido.- Keily dejó a un lado su sarcasmo, la cosa era más interesante de lo que había pensado.
– Eso es bueno. Verán, la espada se encuentra en las ruinas de la antigua ciudad de Cirón, la ciudad subterránea; por obvios motivos crearon hace varios siglos esa ciudad para defenderse de los subterráneos que habitaban en ese entonces las profundidades de la tierra. Ahora, después de cientos de años del terremoto que la destruyó, los accesos a esa ciudad están casi bloqueados, son peligrosos y ni qué decir de las criaturas que aún habitan allá abajo, pero lo que sea que haya allá no se compara en nada con lo que ocurrirá acá en caso de no tener esa espada. Por si no saben cómo llegar allí, pueden ir con mis consejeros y ellos les darán un mapa a detalle de la ruta a seguir; realmente no está tan lejos de aquí, para suerte nuestra. De volver con éxito y que el resto de lo planeado salga bien, serán recompensados como nunca antes…-
-¿Quién te crees que somos?- Keily sonó algo alterada- ¿Vulgares vagabundos?-
-Nosotros también habitamos en este mundo; también nos preocupa lo que está a punto de ocurrir, así que es innecesario el hecho de que nos ofrezcas una recompensa – Primera vez que Eiren le hablaba de forma tan impersonal al príncipe.- iremos allá y traeremos la espada, así que también prepárate para blandirla, príncipe. Nos prepararemos y en unos minutos marcharemos hacia esa ciudad; por suerte sabemos perfectamente donde está.-Se giró hacia la entrada al castillo y los tres empezaron a caminar hacia adentro, el príncipe se quedó sin saber qué decir, en cualquier otra situación les hubiera agradecido, o hasta les hubiera dado un discurso de moral, más sin embargo ya había quedado claro que esos tres no les hacía efecto ningún proceso burocrático, “Total, son mercenarios” pensó Islander. Eiren se detuvo dejando adelantarse a los otros dos una vez cruzado el umbral de la terraza, giró la cabeza hacia el príncipe y le preguntó:
– ¿Todos están conscientes del amanecer?-
-¿El amanecer….?- La pregunta le llegó tan por sorpresa que no entendía a qué se refería.
-Los zombis vendrán equipados, casco, pechera, cotas de malla… el sol no les afectará cuando salga al amanecer, eso significa que no se incendiarán y que la batalla durará mucho más que una noche. ¿Todos están conscientes de esto?-
El príncipe suspiró y miró hacia arriba, posiblemente al cielo del atardecer, o simplemente a ningún punto en específico –No- respondió- Lo que les motiva de momento es pensar que solo tienen que sobrevivir una noche; si supieran que el resistir toda la noche no significará nada realmente tendríamos menos de la mitad del ejército que tenemos justo ahora. Esperemos que para el amanecer ocurra algún suceso milagroso que cambie el curso de la batalla, o al menos aumente la moral de los que queden vivos. Principalmente espero que ustedes lleguen antes de eso.- El príncipe volvió la mirada al trío.
-Sí.- dijo el líder.- Estoy seguro que eso sería lo mejor.- No especificó a qué se refería, solo volvió a empezar la marcha hacia dentro del castillo para preparar su viaje.
-Pidan unas zanahorias doradas, para que soporten el hambre de la travesía.- Gritó Islander cuando estaban bajando las escaleras.
Eiren alzó el brazo en signo de haber escuchado el mensaje, pero respondió:
-Solo somos tres, e iremos a caballo, a ustedes les harán más falta.- Después de eso se perdieron bajando en la escalera de caracol. El príncipe ya no sabía qué esperar y, mientras veía debajo de la fortaleza improvisada los últimos retoques que se le estaba dando a la doble muralla y a su guardia real repartiendo flechas y arcos a los más jóvenes de los habitantes que se unirán a la batalla, solo le quedaba suponer que no había más que hacer para prepararse a lo que estaba por ocurrir en aproximadamente una hora. Se quiso encomendar a los dioses, pero en ese momento no sabía que ellos le harían caso o si precisamente eran ellos los responsables de todo eso.

Capítulo 3: Empiezan las travesías.

Habían pasado un par de minutos después de haber dejado atrás la planicie de la fortaleza y la noche ya había caído en su totalidad; los viajes a toda velocidad en la noche siempre se sentían revitalizantes para el trío de mercenarios, aunque no había sido un día físicamente agotador, la brisa nocturna y las sombras que se proyectaban sobre el árido suelo daban un buen ambiente. Justo a lo lejos se escuchaba un ajetreo de cientos de pies marchando, no pasaron ni diez segundos cuando vieron un poco a su izquierda un ejército de innumerables zombis marchando en dirección al castillo, aún en ese caos de criaturas salvajes se observaba una marcha marcial.
-No nos podrán alcanzar ni de un milagro.- No era algo muy necesario pero Eiren creyó que tenía que decirse, confirmar lo que todos estaban pensando.
-Es este el momento en el cual tomamos otro rumbo y huimos de lo que está por ocurrir ¿no?- Bromeó una vez más Keily, siempre con esa sonrisa pícara que mantenía al grupo tranquilo.
-Sí, justo este es el momento.- Eiren continuó con la broma, aunque su rostro se mantenía serio, demasiado pensativo; con un tirón a las riendas de su caballo aceleró el paso y los otros dos le imitaron alzando grandes nubes de polvo a su camino, aunque nada en comparación con las nubes que empezaban a cubrir el cielo, no eran nubes negras de tormenta, sin embargo empezaban a bloquear la luz de la luna y oscurecían la tierra.

La primera línea se encontraba al borde del acantilado frente al castillo, justo pasando el puente que le daba acceso; era un número considerable, al menos se esperaba que fuera lo suficientemente grande como para soportar la primera embestida enemiga mientras el resto de los “combatientes” saldrían de la fortaleza rodeando al enemigo en un intento de contra-golpe táctico, era la única estrategia viable que se había discutido la última hora del día. Islander, muy por el contrario de las tradiciones, se encontraba entre esta primera línea de batalla, aunque no justo al frente, prefería demostrar la seguridad que tenía ante la batalla que estaba a punto de encadenarse. Sin duda alguna su padre lo estaría maldiciendo desde lo alto del castillo, por suerte (o desgracia) no se daba el caso.
Ya habían pasado varios minutos desde que la noche cayó por completo y el cielo se empezaba a cubrir de nubes que reducían más la visión; un viento frío y en parte siniestro provenía del oeste. Justo en ese entonces se escuchó lo que suponía era el caminar de miles de zombis; “traz, traz, tras” se escuchaba el machacar del suelo con las botas de cientos de soldados, el sonido incrementaba de una forma que causaba pavor y ponía los nervios de punta, “traz, traz, traz” el sonido era imparable y constante.
Pasaron varios minutos más con esa tensión hasta que vieron por fin la indescriptiblemente gigantesca horda de muertos vivientes: cientos y cientos de seres verdes con carne putrefacta y ese impulso de gruñir; avanzaban más tranquilo de lo que esperaban que sucediera los primeros segundos, casi todos se imaginaban que apenas los ejércitos se encontraran arrematarían contra la primera línea de personas que se encontraban frente a ellos, muy por el contrario de ese paso tranquilo y constante que los hacía avanzar de forma muy segura. Parecían casi humanos bajo la poca luz que había en el exterior y con esa armadura de cota de malla; desde lo lejos se divisaba que algunas piezas de algunos zombis brillaban con el resplandor morado de un encantamiento, posiblemente protección, o peor aún, protección contra fuego. De todas formas lo que había detrás de esa horda era un misterio, ya que solo se podía ver a la lejanía más zombis avanzando al mismo ritmo y, si había alguna sorpresa a la mitad del ejército, era indistinguible a la vista de cualquiera. De repente ocurrió lo que todos habían estado esperando: el ejército enemigo aceleró el paso casi al punto de correr directamente contra la primera línea que tenía de frente; como respuesta, la defensa también arremetió contra sus contrincantes, de forma casi inmediata en la parte superior del castillo, donde los más jóvenes cubrían las terrazas y cornisas con arcos encantados en el brazo y una aljaba lleno de flechas colgado a la espalda, alguien dio la orden esperada:
-Preparen…. Apunten… apunten… fuego.- Harker apuntó a las segundas hileras de enemigos, justo a donde fueron disparadas las primeras flechas que fueron a dar contra los zombis incendiándolos y aligerando el primer impacto para los soldados de la primera línea que arremetieron contra el ataque. Ya se había dado el primer choque de espadas y el caos no tardó en esparcirse; si bien los humanos habían dado un primer golpe certero y había varios enemigos incendiándose en llamas, esto no frenó en nada el avance de las criaturas hacia la fortaleza, no pasó ni un minuto cuando Harker dio la orden:
– Apunten.- señaló al siguiente pelotón de cientos de zombis que ahora arremeterían contra las tropas que había debajo.- Apunten bien.- Amenazó el secretario.- Y Fuego.- Una segunda descarga de flechas ígneas se descargó sobre el campo de batalla; se esperaba ver a los cuerpos putrefactos al suelo debido a las llamas, mas sin embargo la mayoría siguió su carrera hacia adelante preparado para golpear al grupo de humanos adelantados al resto de la hilera.- ¡Fuego!.- Improvisó el secretario y menos de la mitad de los arqueros pudieron responder de inmediato; aun así ese improvisado movimiento garantizó que más de la mitad de ese pelotón cayera al suelo y se consumiera en llamas. La primera línea aprovechó el momento para avanzar y acabar con el resto de los zombis que quedaban de pie y ganar unos metros de terreno.
-Ahora ¡Rodearlos!- El príncipe dio la orden desde el frente del ejército y de forma casi inmediata se abrió el portón reforzado del castillo; cientos y cientos de tropas salieron tan rápido como sus pies se lo permitieron, cruzaron el puente al otro lado del acantilado dirigiéndose una mitad hacia la izquierda rodeando la planicie y la otra mitad a la derecha haciendo lo mismo intentando rodear al ejército contrario. Justo cuando el último soldado humano terminó de salir y se colocó en uno de los flancos los soldados se percataron de lo que habían evitado pensar con esa formación: Ni de cerca había suficientes soldados para rodear a un ejército de decenas de miles de enemigos, sin embargo ya estaban en pleno campo de batalla, unos entre el ejército enemigo y el acantilado, otros entre la escarpada y los mismo enemigos; así que luchar era la única alternativa que ahora tenían, por desgracia, y otra cosa que no querían pensar, tanto la batalla como la noche apenas empezaban.

El camino rumbo a Cirón no tuvo mayores complicaciones; un par de lobos a los cuales esquivar y un slime perdido al cual partieron en dos mientras cabalgaban. Aunque conocían la existencia y ubicación de esas ruinas, nunca se habían acercado allí, lo más pudo haber sido unos cientos de metros ya que quedaba de paso a algún otro sitio donde encontraron un trabajo o una simple taberna con carga nueva se cerveza y pociones de fuerza; al acercarse a lo que debería ser la bajada a la ciudad encontraron solo un enorme montículo de bloques de piedra normal y labrada apilados. Como la excavación no era en nada su fuerte, simplemente se acercaron a los bloques más cercanos.
– Jug ¿nos harías el honor de abrirnos camino?- Eiren pateó los bloques que tenía enfrente para demostrarle a su compañero cuáles eran los que habría que romper. Jug bajó de su caballo y tomó el pico de diamante encantado, posiblemente algún alto encantamiento de eficiente ya que solo bastó abanicar la herramienta con fuerza y golpear un bloque para que todos a su alrededor se hicieran polvo a la vez; algunos bloques de encima se deslizaron hacia abajo, aunque se habría dicho que tuvieron éxito en la elección ya que se abrió un orificio lo suficientemente grande y que revelaba una gruta casi vertical hacia las profundidades de la tierra; ese “se habría dicho” se debe a que de forma inmediata que los bloques se rompieron, un nido de lepismas que se arrastraron con velocidad a los mercenarios. De una forma que parecía calculada, y tal vez lo era, Jug dio un fuerte pisotón contra el suelo que provocó a los lepismas elevarse varios centímetros; tal oportunidad fue aprovechada tanto por el líder como por Keily, quienes desenfundaron sus espadas y las hicieron atravesar el aire frente a ellos con movimientos rápidos; pasados ni cuatro segundos después de haber salido esas criaturas rastreras ya solo quedaban algunas partes de ellas regadas en el suelo y ahora los aventureros miraban el agujero que descendía y que tendrían que empezar a escalar para continuar en su camino al centro de la antigua ciudad.
Jug sin preguntar tomó la delantera, puso un pié dentro del orificio y seguido el otro, lo que provocó que ambos pies se deslizaran hacia abajo por efecto de la gravedad, sin embargo éste no caía ya que se mantenía en equilibrio lo que le permitió bajar por la gruta de forma relativamente fácil; los otros dos le siguieron más sin embargo tuvieron que apoyar, además de sus pies, uno de sus brazos en el suelo a la hora de deslizarse para mantener el equilibrio.
Cuando tocaron piso firme notaron que en realidad se encontraban sobre un puente que, posiblemente, en un principio conducía a algún ducto que servía para descender aún más, ya que lo único que lograban ver hacia abajo era una profundad incalculable, simplemente no podían ver el fondo; Keily sacó una antorcha apagada que tenía en el pequeño morral que cargaba a su izquierda (justo del lado que menos le estorbaba, según ella) y la deslizó rápidamente sobre el suelo poroso de piedra desgastada lo que provocó que la antorcha se encendiera, acto seguido la lanzó hacia la oscuridad y los tres se quedaron observando la antorcha; ésta se perdió en la negrura del abismo, lo cual indicaba que era demasiado profunda como para crear una escalera con bloques.
– Creo que ya sabes lo que hay que hacer.- Le dijo Islander a su compañera.
-¿Traes un bloque de hielo?- Aunque la pregunta fue dirigida a su líder, fue Jug quien metió la mano en su morral y le dio a ella un bloque.- Bien, deséenme suerte, los quiero.-
La chica se paró sobre el pasamanos desgastado del puente y con un breve impulso saltó hacia el vacío. Sus compañeros empezaron a contar los segundos; Jug calculaba los bloques que podría estar recorriendo, tal vez Keily hubiera sido la persona que logró alcanzar un nivel 25 de encantamiento pluma pero aún así pasados cierta altura de caída(alta, eso sí) podría lastimarse. A los pocos segundos se escuchó ese familiar eco que soltaban las botas encantadas al tocar con el suelo; lo normal era un sonido seco y fuerte, como cuando dejas caer un bulto de tierra contra la piedra, pero en el caso de Keily siempre sonaba como un suspiro soltado por la boca, suave y húmedo en lugar de fuerte y eso. Aunque Islander se notó un poco preocupado, el rostro de su compañero se serenó en ese momento, lo que daba a entender que había calculado los bloques recorridos, restándolos del encantamiento y resultado que estaba dentro del margen de seguridad (La chica pluma… jamás le encantaría un apodo como ese).
-¿Todo bien?- La pregunta del líder llevaba un doble significado, pese a la exactitud de Jug no podía tranquilizarse así de simple.
-Sí, todo bien, ya rompí el hielo y pueden caer tranquilamente sobre el agua.- Con esa simple invitación Jug apoyó su mano derecha sobre el pasamanos y saltó directamente al vacío; Islander le siguió subiéndose primero al pasamanos y dejándose caer. Los cuerpos de ambos se perdieron también en la oscuridad.

Capítulo 4: Enfrentamientos

Cirón debió ser en su tiempo una hermosa ciudad, grande y esplendorosa, llena de pasarelas que conectaban a todas las bóvedas subterráneas que hacían de casas, fábricas y edificios públicos; aunque de eso hablamos ya más de mil años, justo en ese momento los tres mercenario llevaban horas tratando de entender lo que quedaban de las rutas en la ciudad, en más de una ocasión se encontraban con posibles escaleras que descendían aún más y, en diversas ocasiones obligándose a tomar bloques de los edificios hechos escombros para colocarlos en forma escalonada, lo que en realidad no parecía ser una buena idea, ya que debilitaban aún más la estructura de las ruinas; en otra ocasión Keily tuvo que repetir su acto de saltar al precipicio para soltar romper un bloque más de hielo y asegurar la caída para sus compañeros, no pudieron repetir este evento una tercera vez porque, en primera, no llevaban más bloques de hielo y, segunda, debido a que cada vez descendían pensaban que ya no habría más niveles hacia abajo.
– ¡Dos arañas de cueva!- Eiren advirtió a sus compañeros al ver a las criaturas atravesar el aire rumbo al grupo; la mercenaria recibió a la araña con un tajo de su espada matándola al instante, en cambio Jug solo le dio un gancho con su brazo derecho redirigiendo el impulso de ésta hacia el líder, con el mismo vuelo de su mano derecha tomó el pico que llevaba en su cintura a la izquierda y empezó a correr hacia un hueco en una de las paredes de la piedra que formaba parte del manto terrestre; Eiren apenas tuvo tiempo de desenfundar su espada y asestar dos golpes a la araña que había recibido por parte de su compañero, el primer golpe lo dio aun cuando estaba en el aire y el segundo después de que ésta azotara contra el suelo e intentara ponerse de pie; acto seguido fue tras su amigo y le persiguió Keily. Apenas entraron a un intento de cueva vieron a Jug por la espalda levantando con ambas manos el pico de diamante y, acto seguido, asestó un golpe con la herramienta sobre un bloque a la altura del piso, sólo cuando se acercaron notaron los restos de un spawn.
– Vaya; esto explica la razón de aventarle una araña a la cara de Islander- Exclamó Keily.
-Sí, sí, bueno; un aviso no hubiera estado nada mal, pero sé que eso no ocurrirá jamás, no todos pensamos a tu velocidad.- Dio media vuelta y se dirigió rumbo a donde se hallaban hace unos segundos.- Continuemos; hemos estado aquí abajo varias horas y el amanecer está cerca.
Dos de las tres pesadillas de príncipe estaban a punto de completarse: su “ejército” estaba dividido en dos debido a la hora de enemigos que se había abierto camino hasta el puente que llevaba a la fortaleza; no menos de mil criaturas golpeaban las puertas reforzadas que cubrían la única entrada al castillo donde se encontraba el resto de su pueblo, los soldados heridos y pudieron ser trasladados en las primeras horas del combate y los arqueros que, desde las cornisas, observaban la batalla con una reserva casi agotada de flechas, Harker se las estaba reservando para algún momento que pudieran ser útiles, por ahora solo le quedaba observar. Una parte del ejército humando se encontraba en la peor posición en la que se pudiera encontrar: justo debajo del precipicio y rodeado por el ejército de los muertos; estaban tan mal organizados en ese extremo, debido al cansancio de luchar casi una noche entera y al miedo de la muerte asegurada, que había más soldados tirados y malheridos en el suelo que luchando por mantenerse con vida. Justo en ese momento empezó el segundo temor de Islander, el sol empezaba a salir; hasta ese momento su gente había pensado, de manera implícita, que al amanecer los zombis se quemarían debido al sol, como comúnmente ocurre, lo que no consideraban (y varios desconocían) es que un zombi con armadura no llega a quemarse, y cuando noten eso estarán conscientes de que sus probabilidades de sobrevivir eran prácticamente cero; por si alguien cree que hay un punto donde las cosas no pueden empeorar más, el destino siempre gusta demostrar lo contrario, en ese preciso momento, a faltar menos de cinco minutos de que se asomara el sol y se desmoronada la moral de las tropas defensoras el suelo empezó a temblar a ritmos casi regulares, no tardó varios segundos para que se viera en el horizonte de la planicie de la batalla una figura monumental, una cabeza de zombi gigante, a medida que se acercaba se iba mostrando el resto de su cuerpo y, peor aún, más criaturas de éste tipo detrás de la primera, dos, tres cuatro… casi diez gigantes se acercaban y casi llegaban al campo de batalla. Los que luchaban en primera fila no tenían tiempo de horrorizarse por el acontecimiento ya que estaban demasiado ocupados esquivando los ataques enemigos y tratando de esgrimir algo de sus espadas, más los que se encontraban detrás de las primeras tropas sentían que su corazón se encogía al ver tal acto; lo primero que hizo el gigante líder, o aquel que estaba por enfrente del resto, fue pisotear la tropa humana que se encontraba más adelantaba en el campo de batalla: un simple pisotón y casi 50 hombres murieron de forma inmediata, sin oportunidad de huir y mucho menos enfrentarse a tal bestia. Antes de que esa bestia empezara a avanzar de nuevo una flecha atravesó el aire y se estrelló contra uno de los pies del gigante, después otra y una más; cada vez que el ser intentaba mover un miembro de su cuerpo un pequeño puñado de flechas proveniente de lo alto de la fortaleza le impedía lograrlo, lo mismo empezaron a realizar con el resto de los gigantes, Harker había encontrado la oportunidad de, al menos, ganar algo de tiempo en lo que sucedía algo positivo; por desgracia eso “positivo” iba a tardar un poco más en suceder, justo en ese momento empezó a salir el sol y de inmediato se empezaron a escuchar exclamaciones del tipo “¡Ey! Miren, el sol, lo logramos”, “Ahora arderán esas criaturas inmundas”, cualquier expresión de júbilo que podría salir de un pueblo a punto de ser devastado. Algunos segundos pasaron para que notaran que las criaturas seguían avanzando imparablemente, con hileras de unidades que seguían sin ser contadas, todas las exclamaciones de júbilo se detuvieron junto con las energías de batallar de la mayoría de los hombres; fue allí cuando inició la segunda pesadilla del príncipe, su pueblo había dejado la batalla, se había rendido, incluso quienes se encontraban bajo el acantilado rodeados de enemigos se habían rendido, se habían tirado al suelo y esperaban a que algún enemigo terminara con ellos, las heridas y el cansancio se habían apoderado de ellos e Islander estaba a punto de perder la mitad de su ejército en ese preciso punto.
-¡Retirada! Regresen al castillo.- Islander no tenía más opción, le dirigió la orden a uno de los caballeros de su guardia real que tenía a su derecha.- General, ordene retirada; haga que tantos como puedan retrocedan detrás de las puertas de la fortaleza y bloqueen el paso, se usará a los arquitecto para que hagan un túnel de huida en el tiempo que nos queda. ¡General!- el soldado no había respondido la orden.- ¡General, escuche!
– No, su majestad, usted mire hacia allá.- Le apuntaba a lo alto de la escarpada, justo encima de donde ocurría una masacre hacia la mitad del ejército humano se veía una figura curvada que llevaba empujando una carreta llena de algo; en cuanto la silueta estuvo al borde del precipicio se apreciaba a un anciano, no menor a los 70 años, quien se mostraba extremadamente agotado y empujar esa carreta cargada demandaba un gran esfuerzo.
– Es el tendero de pociones de uno de los pueblo del reino.- El caballero le explicó el caballero al príncipe.- No habíamos notado que se encontraba fuera del castillo cuando cerramos las puertas ¿Qué estará haciendo allí arriba?- Más la respuesta a tal pregunta se resolvió al instante, en un movimiento de empujar la carreta al fondo del precipicio, por encima de las tropas de ambos bandos, y que provocó que el anciano cayera al suelo muy cerca del borde, el transporte cayó sobre la multitud y de él empezaron a esparcirse cientos y cientos de frascos los cuales, a los pocos segundos, se estrellaron contra el suelo expulsando partículas que rodeaban a los cuerpos cercanos a ellos. De un suspiro reparador las tropas humanas empezaron a erguirse, las heridas se iban cicatrizando y una energía vital nueva los empezaba a inundar; a la par las unidades enemigas empezaban a desplomarse en el suelo, sus cuerpos se empezaban a pudrir y a desaparecer despejando el área en la cual se encontraban rodeados hacía unos segundos.
-Eran pociones de curación.- Islander gritó a la vez que entendió el plan del anciano, ya que si lo que mataba a los humanos le daba vida a los muertos, lo que les curaba a ellos mataba a los zombis; ése anciano había resuelto eso desde quién sabe cuántas horas atrás, pero daba por hecho de que no le harían caso, o simplemente se dio cuenta que él mismo podría encargarse de lo que haría falta hacer; luego observó en la fortaleza las personas refugiadas que observaban los cuerpos de los soldados que se encontraron lejos de las pociones curativas y no habían sido curados.
– General.- Volvió a dar órdenes a su soldado.- Que abran la puerta para que puedan atender a los heridos; reorganizaremos nuestras tropas ahora que hemos recuperado algo de terreno y resistiremos hasta que sea necesario, también envíen ayuda al ciudadano que nos acaba de brindar apoyo ¡Rápido repita la orden!- Una corriente energética empezó a recorrer en el ejército defensor ante el reciente suceso, ya que si un solo hombre, anciano, con pocas energías y no más que su intención e ingenio acababa de dar un pequeño giro para ganar tiempo y terreno que ya se daba por perdido, todo un pueblo podría soportar hasta que los mercenarios regresaran con el arma que podría dar fin a esa contienda.

Habían descendido al menos otros 5 niveles más, y apenas tocaron suelo firme hecho de ladrillos, mínimo unas 10 arañas se abalanzaron sobre ellos; Jug golpeó a 3 con su pico en la cabeza aún mientras iban en vuelo, sus otros dos compañeros combatieron con la espada al resto de las criaturas adelantando un par de pasos. Sus ojos ya se habían acostumbrado a la escasa luz que había en ese nivel así que al levantar la mirada se dieron cuenta del nido de artrópodos en el cual se encontraban; estaban en lo que debió ser una enorme plaza con un edificio en forma de cúpula en el centro, el edificio estaba bloqueado con un par de puertas de acero (Ya bastante oxidadas) y arriba del marco un dibujo tallado sobre piedra de una espada con el mango marcado con el rostro de un zombi “Tal vez allí se encuentre lo que buscamos” pensaron los tres aventureros.
– Vaya, para poder matar zombis primero habrá que matar estas arañas.- Dijo Keily al notar a las decenas de arañas pequeñas y medianas que se encontraban en ese sitio; aunque al principio dormían se empezaron a despertar con el ruido de los tres sujetos a la hora de bajar, empezaban a caminar lentamente y haciendo ese ruido clásico de las arañas pero en un volumen que parecía más un susurro.
– Por mí está bien.- Dijo el líder de los tres, desenfundó su espada y se preparó a que las arañas dieran el típico salto que hacen a la hora de atacar; sin embargo lo que ocurrió le sacó de equilibrio al punto de hacerlo retroceder rápidamente balanceándose como si se fuese a caer (Y tal vez estuvo a punto de hacerlo), un golem de hierro cayó de quién sabe dónde frente a Eiren dispuesto a atacarle, tenía el rostro de furia que adoptan los golems a aquellos que atacan a algún aldeano.- ¿No se suponen que éstos seres son protectores?- Eiren se borró la sorpresa de su rostro y bloqueó el golpe del ser gigantesco con su espada, después abanicó su arma rasgando ligeramente el torso de su contrincante y por último dio una patada en el tronco de su cuerpo haciéndolo retroceder poco menos de medio metro.
– Supongo que éste es su hogar y considera a estas criaturas como sus habitantes, ya sabes que no suelen ser muy inteligentes y que ha de llevar siglos acostumbrándose a este ambiente.- Keily dio su explicación de la situación, extrañamente sin una pizca de ironía, y desenfundó su espada para lanzarse sobre las 50 arañas que se acercaban a paso apresurado, abanicó su espada sobre el rostro de una y la hizo huir del dolor, pateó a otra en el aire alejándola momentáneamente del área y atravesó la parte superior del cuello de una tercera; dio un giro con el fin de provocar un corte a dos insectos más que se encontraban extremadamente cerca de ella y prosiguió con su danza peligrosa intentando dañar a cuanto ser estuviera a su alcance y le resultara peligroso. Jug, como casi siempre, se mantenía inmóvil observando a su alrededor, fijó su mirada a un rincón cerca del edificio central, era una zona oscura pero parecía que él percibía algo allí, tal vez por intuición o porque había notado algo que los otros dos no. Poco a poco surgió una gigantesca, delgada y peluda araña de la zona oscura, después otra, y una más hasta finalmente dejar al descubierto a una gigante araña venenosa más grande que dos golems puestos uno sobre otro. Jug empezó a avanzar a paso tranquilo en dirección a la enorme criatura mientras ésta ya se estaba apresurando en alcanzar a lo que serían sus nuevas presas; el mercenario, mientras seguía avanzando, dirigió su mano izquierda a la derecha de su cintura, donde reposaba la funda de una espada, tomó la empuñadura y alzó su brazo izquierdo con el arma en él a la vez que lo alzó, golpeó una araña que le atacó por el lado izquierdo; una araña más le saltó desde su derecha, él la tomó en el aire con su mano derecha mientras avanzaba y la arrojó a su izquierda girando el tronco de su cuerpo a esa dirección, la colosal araña venenosa ya le había alcanzado y le estaba lanzando una mordida con el fin de paralizarlo, Jug aprovechó el haber rotado su cuerpo a la izquierda para dar una estocada con la espada que aún agarraba con su mano surda justo en la garganta; al atravesar el cuerpo de la bestia la espada mostró un brillo morado de encantamiento y el gigantesco enemigo explotó y de desvaneció en el sitio, acto seguido el mercenario giró sobre sus tobillos para alcanzar con su arma a las arañas que ya le tenían rodeado las cuales, con el simple rose de su espada, sufrieron el mismo destino que la grande.
-¿trajiste una espada con perdición? – Eiren aún luchaba contra el golem, apenas se había recuperado de la impresión y ya estaba listo para enfrentarse a él. Dio un salto hacia atrás para tener espacio y colocarse en posición, arraigó bien sus pies al suelo y flexionó ligeramente las piernas; el golem intentó dar un golpe a Islander con el puño derecho, inmediatamente recibió una tajada en la muñeca y perdió el puño de esa mano, volvió a dar un golpe con su otro brazo pero recibió el mismo destino; finalmente el líder saltó hacia el frente, ya teniendo al enemigo desarmado, y abanicó su espada una vez en el torso, otra vez a la altura de la cintura y una última vez en sobre el cuello, acumulando más de 100 puntos de daño con ese último golpe y separando la cabeza del resto del cuerpo. Cuando alzó la mirada notó que sus compañeros ya habían aniquilado a las arañas restantes, aunque para ser exactos la explosión de la reina provocó la huida de la mitad de las amenazas.
– Veníamos a una cueva, los artrópodos estaban incluidos.- Pronunció Jug mientras se dirigía en dirección al edificio central; al llegar tocó con la palma de su mano la oxidada puerta de metal que bloqueaba la entrada, a los pocos segundos llegó Islander y la observó.
-Aún es demasiado resistente como para tirarla de un golpe.- O al menos eso dedujo Eiren.
-Y si no quieren que los derribe a ustedes también aléjense de esa chatarra.- Keily ya tenía un bloque de TNT activado y estaba por lanzarlo al portal del edificio, apenas dio el tiempo necesario para que ambos saltaran lo suficientemente lejos del área sin sufrir daño alguno. El lugar tembló por unos segundos y un poco de polvo se desprendió del techo de roca; para buenas noticias las puertas habían sido eliminadas del paso, los tres entraron al edificio y observaron que ese era el lugar que buscaban, el recinto estaba vacío, solo en la parte central se encontraba un porta-armadura con una espada con un fuerte brillo morado; Eiren se acercó al centro de la habitación y extendió su mano para tomar la espada, más sin embargo titubeó por un segundo “¿Habrá alguna trampa que se active al tomar esto?”, justo en ese segundo vio como la mano de Jug tomaba velozmente el arma del estante y se dirigía hacia la salida “Supongo que no, total, el fin de esa espada es que fuera usada”, Eiren se encogió de hombros y también se dirigió a la salida; cuando los dos pasaron a su compañera de lado ésta pregunto:
-¿Alguna idea de cómo subir todo lo que bajamos? No nos veo rompiendo bloques y subiendo en vertical el trayecto de salida.- Jug se limitó a meter una mano a su morral que tenía en la espada, sacar tres frascos y aventarle uno a cada uno de sus compañeros.- Ah, pociones de súper salto, creo que esto puede servir.- Así los tres abandonaron el lugar.

Apenas había pasado una hora desde el amanecer y las defensas volvían a decaer, toda una noche en plena batalla estaba cobrando caramente el precio; el escenario de batalla mostraba la tercera parte de un ejército ya agotado, arqueros en las cornisas sin flechas para lanzar y lo único que evitaba el avance de los gigantes eran el resto de los zombis que se encontraban frente a ellos. Islander ya solo veía la mitad de su guardia real en el campo de batalla, el resto había sido aniquilada, no le quedaba más remedio que soportar tanto como pudiera, más él estaba consciente de que no podía pedir lo mismo para el resto de su pueblo, ninguno de ellos fue entrenado para una batalla real.
– Bien.- se dijo para sí mismo mientras batallaba con unos 5 enemigos a la vez.- eso que estábamos esperando que sucediera, que suceda ahora.- Pues el destino llega a ser tan exacto para esos momentos que se vio interrumpido por un guardia.
– Su majestad, mire hacia allá.- El príncipe volteó la mirada al otro costado del campo de batalla, de donde provenían los enemigos y reconoció a los tres mercenarios observándolo; el más grande de ellos se bajó de su caballo, tomó una espada que se encontraba enfundada sobre el caballo del líder de los tres, hizo un movimiento raro de preparación con las manos y la lanzó justo con una trayectoria tal que, antes de llegar hasta él, la espada atravesó el brazo de uno de los gigantes el cual terminó pulverizado al instante y después de eso, la espada se clavó en el suelo bajo los propios pies del príncipe; Islander quedó asombrado de la exactitud de quién le había lanzado el arma, pero no había tiempo para ello, había llegado el momento esperado, tomó el arma y dio un golpe a uno de los enemigos que tenía frente a él; el zombi y los que estaban en un radio de unos 10 metros fueron destruidos al instante ¡El arma funcionaba!
-Guardias, posición defensiva; que el resto de nuestro ejército nos cubra por los costados.- El tiempo de atacar había llegado, la estrategia era simple: él sería quién atacaría a las hordas de zombis y el resto del ejército le cubriría la espalda; en caso de ser necesario le cedería la espada a otro espadachín experimentado hasta que la batalla hubiera terminado. Incluso los mercenarios estaban abriéndose camino al ejército humano cabalgando y cortando cabezas de enemigos mientras lo hacían. Era ahora o nunca, y por nada del mundo elegirían el “nunca”.
Con una tajada el último grupo de zombis cayó, se hizo polvo y despejó el campo de batalla de cualquier amenaza existente hace apenas una hora. La batalla se había acelerado exponencialmente en cuanto consiguieron esa arma legendaria; por fin el peligro había desaparecido. Más sin embargo no hubo tiempo de lanzar un grito de gloria y victoria; de alguna forma muy escandalosa, unos, dos tres… catorce bloques se desprendieron de diversos lados: un bloque del marco de la entrada al castillo, otros dos bloques del puente que le daba acceso, un par de bloques más de los torreones, y los últimos del acantilado y la arena misma que estaban pisando; cruzaron el aire y se colocaron frente al ejército formando la figura de un portal al nether, en cuanto los bloques se unieron entre sí éstos se convirtieron en obsidiana y, de forma casi instantánea, el portal se activó; más sin embargo, el color de las partículas no era morado como cualquier otro portal al nether, sino de un color rojizo, muy cercano a la lava o al polvo rojo. El campo de batalla se volvió tan silencioso como lo había estado de ruidoso toda la noche anterior; incluso los que espectaban desde el castillo parecían contener la respiración. A los pocos segundos de haberse activado el portal emerge de él una especie de pierna larga y delgada, prácticamente esquelética, igualmente surge una mano derecha que se apoya del marco del portal e inmediatamente su equivalente izquierda y, para horror de todos, emerge una cabeza, un ser que jamás se había visto antes, sale por completo del portal y de pie, midiendo más de dos metros de alto, pareciera una especie de esqueleto vestido con un esmoquin a rayas y una pajarita en forma de murciélago. Su rostro era algo fuera de este mundo, calva, semi-redondo con varias imperfecciones en la forma, sus ojos eran grandes y completamente negros, por último su boca era delgada, muy muy delgada, y larga, le recorría medio rostro, y peor aún, parecía que la tenía cosida a la cara. La “cosa” habló:
-Jajaja les felicito, me entretuvieron muchísimo, no tienen ni idea.- La voz de esa criatura no era tan fuera de lo normal, pero por alguna razón provocó pánico entre todos los espectadores el que ese ser hablara.- Me presento, soy Jack Skelleton, rey del Halloween.- Hizo una reverencia inclinando su langarucho cuerpo hacia delante, poniendo su palma derecha en su abdomen y estirando la izquierda hacia atrás.- Sabía que visitar este mundo sería productivo; debería hacerlo periódicamente Jajaja.- Esa última risa no fue nada normal, sonó muy grave, muy profunda, muy diabólica. Tratando de mantener el control, un soldado de la guardia real atacó de un salto a ese ser con espada blandida en dirección al cuello; por desgracia la criatura se inclinó en dirección al soldado, fijó su mirada hacia el arma que tenía en sus manos y esta se hizo polvo antes de que pudiera tocar el cuerpo de ese ser. El soldado, al tocar el suelo y ver lo ocurrido, se quedó paralizado en la tonta postura de alguien que dio una estocada pero se quedó a medio camino de terminarla.
– Jajaja ¿acaso creyeron que podían deshacerse de mí, el señor de los muertos?- Jack se bufó del soldado y lo rodeó para estar a la vista de todos otra vez.
– No dijiste nada del señor de los muertos.- Tartamudeó el mismo soldado que, ahora, se encontraba detrás del ser.
-¡Ah! Error mío: Me presento, soy Jack Skelleton, rey del Halloween y señor de los muertos.- volvió a hacer la misma reverencia de antes.
– ¿A qué has venido? ¿Qué es todo esto? – Eiren tomó la palabra, se había adelantado al ejército mientras Jack daba su presentación por segunda vez.
– Ya les dije, vine a visitarles, y a traer este festejo mío a su dimensión justo este día, 31 de Octubre, en otros mundos también festejan esto a mi nombre y su mundo me pareció de los más… interesante; es hermoso, es creativo. Me encantó, son tan capaces de entretenerme. Siéntanse afortunados también.- Todos, inclusive el mercenario, estaban perplejos sin entender a qué se refería aquella “persona”.
-¿De dónde vienes?- El príncipe Islander le cuestionó.
-Ya les dije, soy el señor de Halloween, una dimensión muy superior a sus tres pequeñas dimensiones; aquí no existen ni la mitad de las criaturas que allá les quitarán el aliento con solo verlas, literalmente. Jajaja Pero no se preocupes, cada año, a estas mismas fechas vendré a visitarles y a volver a traer un poco de mi mundo para que le conozcan y ambos festejemos, otros mundos están “cómodos” con esta fecha y ustedes no serán la excepción.- Jack se había volteado en dirección al portal; los otros dos mercenarios se pararon junto a su compañero.
– No queremos tu celebración, lárgate y no vuelvas jamás.- Keily apuntó con su espada la espalda del sujeto; su mirada ya no era fija, era seria, tanto como la de su compañero Jug.
– Oh, pero eso es algo que ustedes no deciden; nos vemos el próximo años. Claro, si quieren discutir algo pueden hacerlo, si se animan a venir a mi dimensión. Arrivederci Jajaja.- Otra vez esa sonrisa malvada se escuchó y, finalmente, el ser volvió a entrar a su portal de regreso a su mundo.
Todos se quedaron mirando fijamente ese portal; no sabían si tenían el valor de entrar allí y hacer algo al respecto, y todos tenían presente lo que estaba predestinado a ocurrir cada 31 de octubre:
HALLOWEEN.

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