Dios ha muerto y la ciencia trata de revivirlo

En el siglo XIX Friedrich Nietzsche dijo la algo famosa frase “Dios ha muerto”, frase que ha sido mal interpretada como un rechazo a la existencia de algún dios o ser supremo; la verdad es que esta frase tiene un significado más simple pero a la vez que profundo en un sentido antropológico: la creencia de un dios sobre el cuál hacer recaer el significado de la vida de cada persona ha dejado de satisfacer por completo esta necesidad, la de creer en “algo más” y darle un orden a nuestras acciones y accidentes cotidianos. Ésto es, en gran medida, al cambio de vida que ha tenido el ser humano, trascendiendo de la vida “salvaje” hasta la vida moderna; desde hace poco menos de medio milenio la sociedad humana dejó de “necesitar” una casa modesta, un trabajo que cubra los gastos necesario para la supervivencia y tener gustos poco ostentosos; ahora estamos condicionados a necesitar servicios como el Internet, tener un celular de última generación, ya no nos conformamos con vacaciones a una ciudad cercana en un lugar tranquilo sino que buscamos viajes a otros países, realizar actividades que nos ocupen más: festivales, conciertos, deportes de alto riesgo… Y para todo esto empezamos a necesitar una carrera universitaria, un trabajo que nos permita cubrir bastante más allá que los gastos necesarios para subsistir, forzamos a vivir en ciudades específicas que nos permita obtener una vivienda y condiciones de vida “competitiva” de manera global (Ahora que la interacción humana abarca todo el planeta). Con todo ésto, para el ser humano ya no es suficiente prácticas como orar para curarse de una enfermedad, creer en el destino o en “algo mejor” destinado a cada quien en base a su “sacrificio” y comportamiento con el prójimo, ya no se tiene permitido dejar el rumbo de una vida tan complicada a la suerte.

Todo esto, si bien ha permitido mejorar nuestra calidad de vida en general y hacernos más funcionales como sociedad, también dejó un “hueco” que nos deja necesitando algo en qué dejar caer el sentido de la vida, ya que sin importar si una persona sigue creyendo en una deidad (En la forma que sea) ésta ya no tiene la “fuerza” simbólica sobre la cual dejar recaer cada suceso que pasa en el día a día y dentro de la realidad. Aunque desde siempre éste vacío ha sido intentado llenar con cosas materiales, vicios y prácticas auto-destructivas al igual que con metafísica o positivismo, en la época moderna ha surgido con mayor influencia una oleada de personas que deciden “dogmatizar” la ciencia. Y es que, muy contrario al avance científico mostrado a lo lago de la historia, este creciente grupo no permite ni creer en algo insostenible para la ciencia ni cuestionar ningún hito científico; llegando a tachar de ignorantes e irracionales a cualquier otra persona que crea en algún dios o entidad equivalente por el simple hecho de que tal “ser” no puede ser demostrado científicamente muy independientemente del entendimiento científico que posea dicha persona, y más grave aún no toleran a nadie que cuestione o contradiga cualquier postulado al cual apunte el conocimiento científico actual por mero hecho de ser la ciencia que lo considere el postulado más “apto”. Si bien es cierto que hay tendencia por ciertas personas en hacer contradicciones radicales a afirmaciones científicas como el polémico caso de los “terraplanistas” actuales, éstos llegan a ser muy atacados con argumentos banales como “la ciencia dice lo contrario” sin conocer realmente los postulados científicos que contradicen tal polémico caso.
Y es que tal parece que este creciente nuevo grupo de “gente de ciencia” olvida que todo conocimiento científico actual tiene históricamente dos cosas en común: Cuestionamiento del conocimiento de la época y la comprobación a tal cuestionamiento. Uno de los casos más populares que puede mencionarse es el del modelo heliocéntrico; durante siglos se consideró un modelo astronómico geocéntrico, el cual colocaba a la tierra en el centro del universo y al resto de los astros (sol, estrellas, lunas y planetas) al rededor del sol describiendo complicadas trayectorias que explicaban a la perfección los ciclos del día y noche, las estaciones del año y el desplazamiento de las constelaciones, y como tal modelo encajaba tan perfectamente con la observación se consideró a éste como “el verdadero”, hasta que más de mil años después Copérnico hizo algunas observaciones nuevas y concluyó que el modelo “geocéntrico” no describía correctamente el comportamiento exacto de las trayectorias de los astros y propuso un nuevo modelo (El cual se mantuvo como teórico hasta que fue completado y proporcionó una explicación más exacta al modelo anterior); este hito nunca hubiera sido posible si Copérnico nunca hubiera puesto en duda la “afirmación” científica que modelaba el universo en ese entonces.
Un caso muy parecido fue con la teoría del Big Bang a principios del siglo pasado; antes de tal postulado, la comunidad científica daba por “verdadero” el modelo “estacionario” del universo, el cual concluía que éste había existido desde siempre y que se mantenía “estático”. Más sin embargo Georges Lemaître (Astrónomo y Sacerdote) mantenía (y de cierta forma basado en su creencia religiosa de un dios creador) que el universo había empezado su “vida” en algún momento y basado en observaciones de galaxias con desplazamiento hacia el rojo o la cantidad de materia que debía existir realmente en el universo para la formación de galaxias formuló la llamada “Teoría del Big Bang”, la cual fue ampliamente rechazada por la comunidad científica por décadas (E inclusive el nombre de la teoría proviene de uno de los detractores de dicha teoría como una forma de burla hacia ésta y su creador, quien tenía sobre peso) al final ésta se mantiene como la teoría más sólida en la actualidad.

La lista de éstos conocimientos científicos que surgieron en base al cuestionamiento de las leyes de la época puede extenderse aún más (Como la teoría de la evolución, la ley de la velocidad a la cual caen los objetos, las ondas gravitacionales y  un largo etcétera) solo basta decir que la ciencia se fortalece al ponerse en duda a sí misma (Y obviamente dejando un postulado científico que reemplace lo cuestionado); de lo contrario, si solo se impusiera el conocimiento científico actual como absoluto y verdadero, entonces se estancaría el proceso científico y la ciencia sería un Dogma, contradiciendo su propia naturaleza.

Por último, he de remarcar que una de las frases más populares usada durante ésta corriente dogmatizadora es “Yo creo en la ciencia”, como si ésta se tratase de una creencia que se elige seguir (Como la fe, el destino, la metafísica o la suerte) siendo que realmente la ciencia debe de entenderse, ya que solo bajo el entendimiento de ésta se puede cuestionar o afirmar algo como correcto (Hasta que se demuestre lo contrario).

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